Total repudio a la política totalitaria de Acuña

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La escuela según Acuña

Sin filtros, con total franqueza y brutalidad, Soledad Acuña dejó en claro qué escuela y qué docentes desearía tener en la Ciudad de Buenos Aires. Una escuela que se parece mucho a la escuela totalitaria que pretendió instalar la dictadura, con docentes vigiladxs y alumnxs dóciles. 

En su «charla de café» con Fernando Adolfo Iglesias, diputado por la Coalición Cívica, la Ministra Soledad Acuña desplegó afirmaciones dignas del Manual de Videla «Subversión en el ámbito educativo», que pretendía dar herramientas para detectar «elementos subversivos» en el ámbito de las escuelas. Lo que la Ministra reivindicó explícitamente es la persecución ideológica tanto a lxs docentes como a lxs estudiantes. 

Lo que Acuña pretende es una escuela con pensamiento único, alejada de la formación de ciudadanxs críticxs que tengan la capacidad de razonar y repensar su lugar en un mundo cada vez más cargado de injusticias. “Formar ciudadanos críticos”, sí, como lo dicen los Diseños Curriculares que, evidentemente, la Ministra nunca leyó. 

Indignada dijo que los maestros “hacemos política” y que por eso se alegra de que la «vigilancia» de las familias durante la pandemia les haya permitido a muchas de ellas «controlarnos» y ver que puertas para adentro lxs maestrxs nos animábamos a entablar diálogos francos con nuestrxs alumnxs, en los que se habla del mundo que nos rodea. Claro, es que la Ministra nunca fue docente y no sabe que de eso se trata la escuela, de aprender a entender la realidad. De eso se trata el conocimiento, de liberarnos en ese acto de crecer y aprender. Y eso lo conocen perfectamente las familias que acompañan cotidianamente el proceso educativo. En esa reivindicación de la vigilancia,  la Ministra menosprecia gravemente a las familias, poniéndolas en un lugar de desconocimiento de la vida escolar de sus hijxs. 

Pero el control extremo sobre lxs docentes no fue lo único bueno que dejó la pandemia para la Ministra. Según sus palabras “lo que vino para quedarse es la autonomía que ganaron los chicos” (…) “los chicos tuvieron que aprender a estudiar solos, a organizarse solos, a administrar su tiempo solos”. Evidentemente hacer a lxs docentes a un lado es una opción viable para Acuña, que no sólo desconoce y oculta el enorme trabajo que estuvimos haciendo todo este año, sino que celebra que el acto educativo sea lo más solitario posible, a años luz de distancia de todos los avances en materia pedagógica del último siglo. Habría que explicarle a la Ministra que el trabajo autónomo es algo que también enseñamos lxs docentes. Habría que darle a la Ministra algunas clases teóricas sobre las teorías educativas que ya han superado la idea conductista de pensar «al educando» como una caja vacía que es «llenada» por quien enseña. 

¿Cómo se enseña? Después de sostener que si les va bien o no en la escuela depende de la familia en que nazca cada niñe (explícitamente dijo que si sos pobre no terminarás la escuela) desconociendo absolutamente la responsabilidad estatal en la garantía de derechos humanos básicos,  como si el gobierno del que es parte no tuviera ninguna responsabilidad en las políticas económicas y sociales que generan cada vez más pobreza, la Ministra afirmó que el problema principal de la educación es cómo se enseña, y cómo se enseña a enseñar. El problema según ella, es que quienes estudian para ser docentes son pobres,  hijos e hijas de trabajadores y eligen la docencia para «militar políticamente» o luego de fracasar en otras carreras. ¡Qué falta de respeto! ¡Qué desconocimiento y desprecio a la tarea docente! A los y las docentes que día a día sostienen las escuelas y a quienes desde los institutos Terciarios estudian, se forman y forman. Lejos está Acuña de la trayectoria,  conocimientos y carrera que la mayoría de lxs docentes de Terciarios ha desarrollado con gran esfuerzo,  muchxs, egresados de universidades como la UBA, reconocidas mundialmente por su calidad.

La Ministra dejó en claro también por qué quiere cerrar los profesorados y poner en pie una Universidad muy al estilo PRO, es decir, una universidad con docentes precarizadxs, que no entren por concurso, donde no exista la democracia interna ni la pelea por la defensa de la educación Pública. “Entrar a los institutos (de formación docente) es (encontrar) una discusión de política partidaria constante (…) de izquierda” se escandaliza. La universidad a la que aspira es una en la que prime el pensamiento único,  como si eso no fuera política,  política que se parece gravemente a la que pretendió instalar Onganía, con la tristemente célebre «Noche de los Bastones Largos». También coincide con el onganiato la Ministra en su desprecio por los derechos laborales de lxs trabajadores,  explicitando que quiere modificar el Estatuto docente.

La ministra Acuña sostiene que existe la posibilidad de educar moderando la ideología, como si la ideología fuera un condimento a elegir. Como si ella misma no hiciera política ni tuviera una concepción ideológica que, claramente,  está en las antípodas de una educación emancipadora. La ministra se perdió cinco décadas de discusión sobre qué es la ideología. Por eso, piensa que es posible educar sin ideología. Y que esto es una elección voluntaria de quien educa sobre quien aprende, siendo este último una tabula rasa que incorpora lo que se le dicta. Dice Acuña que cuando se enteran de que en un acto escolar como del 25 de mayo se realizan discursos políticos, se interviene desde el Ministerio para sancionar a les docentes.  ¿Sabrá la Ministra que la revolución de Mayo fue una revolución política? ¿Cómo puede comprenderse la historia desde su concepción? ¿Desconoce la Ministra que no hay neutralidad posible en las ciencias sociales? Tal vez convendría que revise nuevamente los libros de la facultad la señora licenciada -justamente- en Ciencias Políticas.  

Se queja además de que lxs “estudiantes de los profesorados (…) son de los sectores cada vez más bajos, socioeconómicos, los que eligen estudiar la carrera docente”. Es que la educación para todas las clases sociales no encaja en las estructuras de una ministra que defiende un modelo elitista. Por eso también quiso cerrar las escuelas nocturnas con argumentos parecidos a los de su compañera María Eugenia Vidal, que hace unos años también tuvo un destello de sinceridad, al decir con la misma impunidad que “nadie que nace en la pobreza llega hoy a la universidad” o debería llegar, según las pretensiones de Juntos por el Cambio. 

Nuevamente la Ministra de Educación Porteña mostró su cara más real, desnudando cuál es la política educativa de este gobierno, que pretende una escuela aséptica, totalitaria, vacía de contenidos, con docentes y alumnxs dóciles, dispuestxs a ser lxs futurxs alegres excluidxs del mañana. La UNICABA, la falta de conectividad y dispositivos de este año o el intento de cierre de escuelas nocturnas son solo algunas de las políticas que están al servicio de lograr ese objetivo. 

Pero la Ministra de Educación que no es docente hay algo más que desconoce. Que lxs docentes somos tenaces y que amamos lo que hacemos. Que queremos alumnxs que sigan queriendo cambiar el mundo y hacerlo un lugar más digno para vivir. Por eso, ministra, sepa que vamos seguir enseñando así, como a usted no le gusta. Porque queremos una escuela que enseñe a pensar. Una escuela que promueva un pensamiento científico,  crítico,  laico y emancipador. 

La Ministra Soledad Acuña ha dado sobradas muestras de su desprecio por la docencia y la educación pública y ahora explicita su concepción totalitaria y antidemocrática. Esto es totalmente incompatible con el cargo que representa y las leyes que debería garantizar. Por ello, exigimos su renuncia. 

¡FUERA ACUÑA!