EDUCAR DESPUÉS DEL GENOCIDIO: LA PEDAGOGÍA DE LA MEMORIA

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EDUCAR DESPUÉS DEL GENOCIDIO: LA PEDAGOGÍA DE LA MEMORIA

Hace pocos días se han cumplido 48 años de aquel 24 de marzo de 1976 que instauró la última dictadura cívico – militar en Argentina. En jardines de infantes, en escuelas, colegios y profesorados, se multiplicaron las actividades para reflexionar sobre ese pasado que aún vive. Actividades artísticas, literarias, proyecciones de películas, mesas redondas, intercambio con sobrevivientes, con hijes, con nietes fueron instancias para conocer, analizar y reflexionar sobre el terrorismo de estado, sobre el genocidio y sus secuelas en diversos ámbitos. Así como el domingo 24 las plazas del país se llenaron de personas, las escuelas se llenaron de palabras y de pañuelos para actualizar la memoria. Ese ritual ancestral de poder nombrar y recordar para saber quiénes somos. Esa práctica, tan cotidiana de las aulas, de frenar la vorágine del tiempo para entender por qué y para qué ocurrió lo que ocurrió.

De forma marginal, pero muy amplificada por las redes, en consonancia con el partido de gobierno, se ha denunciado y descalificado todo ese perseverante trabajo de participación tildándolo de “adoctrinamiento”. No nos sorprende. Lo mismo dicen cuando defendemos los derechos de las infancias y adolescencias de acceder a una educación sexual integral. No tenemos ninguna expectativa de poder discutir con quienes reivindican el genocidio. Pero sí, como sindicato de trabajadores y trabajadoras de la educación, nos interesa argumentar, dar cuenta de por qué y para qué hacemos lo que hacemos, para quienes están dispuestxs a escuchar y quizás tengan preguntas para hacer.

La educación no es ni puede ser neutral. Invitamos a revisar los libros de texto escolares de la época que algunos sectores interesados (o desinformados) de la sociedad asocian a la “buena educación”, entendida como “neutral”, “sin política”. Esa educación de principios del siglo XX transmitía de un modo muy abierto una ideología de la clase dominante que masacraba indígenas, que robaba tierras, que explotaba en condiciones extremas a la clase trabajadora (nativa y migrante) y que soñaba con ser Europa. No era neutral esa educación a pesar de que afirmara lo contrario. No hay posibilidad de que esta actividad humana pueda desenvolverse sin que quienes la llevan adelante pongan en acción determinado sentido sobre su práctica. El “adoctrinamiento” consiste en ocultar cuáles son los fundamentos, principios y horizontes desde los que se enseña.

Eso no es lo que hacemos en las escuelas públicas. Explicamos, exponemos, ponemos a disposición nuestras fuentes y nuestros argumentos. No escondemos desde dónde hablamos, desde dónde actuamos. Frente a la “posverdad”, reivindicamos la capacidad de conocer. Por el contrario, buscamos que las infancias y adolescencias no acepten como “natural” la realidad (pasada o presente). Promovemos que puedan adoptar su propia posición de manera fundada (es decir, con argumentos, no con insultos) para que no queden atrapadxs en la perspectiva del poder, que se presenta como única alternativa posible. Porque la supuesta “neutralidad” no es otra cosa que aquella mirada acorde con lo que los poderosos pretenden convertir en sentido común.

No, les docentes no somos neutrales. Nunca lo fuimos, ni queremos serlo. Y por eso mismo, peleamos por una escuela que eduque para libertad (no para la libertad de los mercaderes, sino de la libertad humana, vale aclarar). Por eso, respetamos el derecho de las generaciones venideras a conocer un pasado reciente que sigue siendo presente. Por eso, damos herramientas para que puedan aproximarse a hechos extremadamente dolorosos, porque queremos una sociedad en la que el genocidio y sus secuelas sean cuestionados. Porque el terror y la miseria planificada no son una fatalidad, ni un destino inexorable, sino el resultado de una imposición de fuerza. No tenemos miedo de discutir, porque a pesar del pacto de silencio y de la clandestinidad represiva, nos sobran argumentos. Esa es la pedagogía de la memoria que venimos tejiendo desde hace décadas.

Compartimos el discurso de Romina Spaggiari, maestra de la escuela del DE 7º, ejemplo de cómo la escuela enseña, argumenta y expone a favor de la memoria, la verdad y la justicia.

 

Secretaria pedagógica